MADRID, 10 Abr. (EUROPA PRESS) – Hoy, las autoridades libanesas han compartido una noticia desgarradora: al menos 13 miembros de sus fuerzas de seguridad han perdido la vida tras los brutales ataques del Ejército israelí en el sur del país. Todo ocurrió en Nabatiyé, donde los bombardeos se dirigieron directamente a la sede de la Dirección Regional de Seguridad del Estado.
En un comunicado que nos llega a través de la agencia estatal NNA, se menciona que estos ataques tenían como objetivo las instalaciones gubernamentales, y lo más doloroso es que estos agentes estaban allí, cumpliendo con su deber y sirviendo a su pueblo en unos tiempos tan complicados para Líbano. El presidente Joseph Aoun no ha tardado en expresar sus condolencias al general Edgar Lawand, director general de Seguridad del Estado. En esta conversación, subrayó: «Atacar a nuestras instituciones y cuerpos de seguridad no nos va a hacer retroceder; seguimos firmes en nuestra defensa del territorio y nuestra soberanía».
La comunidad internacional debe actuar
Aún así, Aoun no solo lanza palabras al viento; está pidiendo con urgencia a la comunidad internacional que reaccione ante estos repetidos asaltos que parecen no tener fin. En medio de este tumulto, Benjamin Netanyahu, el primer ministro israelí, parece querer jugar un doble juego. Aunque ha declarado que busca mantener negociaciones directas con Beirut para forjar relaciones pacíficas, también aclara que la reciente tregua entre EE.UU. e Irán no tiene cabida en suelo libanés.
Casi 1.900 vidas se han apagado desde el comienzo de esta ofensiva devastadora el pasado 2 de marzo. Un número escalofriante: más de 300 personas murieron solo este miércoles durante un ataque intensificado justo cuando había una tregua aparente entre Washington y Teherán. La situación se vuelve cada vez más crítica y nos invita a reflexionar sobre el costo humano detrás de cada enfrentamiento.

