Era el minuto 88 y el ambiente en Son Moix se había vuelto tenso como una cuerda de guitarra a punto de romperse. Éder Militão</strong, con un gol que llegó tras un saque de esquina, hizo que muchos aficionados del Mallorca temieran lo peor. ¿Acaso los blancos volverían a salir victoriosos? No era la primera vez que eso ocurría, y algunos recordaban momentos amargos en campos como El Sadar o Martínez Valero.
La valentía del Mallorca brilla en el momento clave
A pesar de esos recuerdos inquietantes, el Mallorca no se rindió. Con una valentía renovada, impulsada por su entrenador, Demichelis, los bermellones decidieron que esa noche no sería igual. En un giro inesperado del destino, tan solo tres minutos después del empate, Muriqi desató la locura al marcar el 2-1 en el minuto 91. ¡Qué manera de hacer vibrar a la afición!
Demichelis dejó claro tras el partido lo importante que fue mantener la cabeza fría: “Siempre hablamos de carácter y valentía… y hoy volvimos a jugar hacia adelante”. La acción culminante comenzó con Jan Virgili, quien con su pequeño tamaño (1,68 metros) ganó un balón aéreo frente a Tchouaméni, un gigante (casi 1,90). Antonio Sánchez recogió la peinada de Virgili y se la pasó a Mateo Joseph. Este asistió a Muriqi, quien controló magistralmente con su pierna menos hábil antes de batir al portero Lunin.
Sólo pasaron tres minutos para pasar del miedo al éxtasis total. Son Moix rugió como nunca antes esta temporada; fue una explosión emocional que quedará grabada en la memoria colectiva del mallorquinismo.

