En un giro inesperado de los acontecimientos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha decidido extender la suspensión de ataques contra las centrales eléctricas de Irán. Este jueves anunció que les otorga un margen adicional de 10 días, lo que nos lleva hasta el próximo 6 de abril. Este aplazamiento llega después de haber concedido ya cinco días y tras haber lanzado un ultimátum de 48 horas a Teherán para reabrir el estrecho de Ormuz.
Un gesto en medio del caos
«A petición del Gobierno iraní», publicó en sus redes sociales Trump, «declaro que voy a aplazar diez días el plazo para la destrucción de centrales energéticas». Y aunque Irán había solicitado siete días, el mandatario estadounidense se mostró magnánimo: «Les di diez porque me lo pidieron muy amablemente». En una entrevista con Fox News, Trump se jactó al afirmar que hemos ganado la guerra porque hemos reducido a escombros su Armada y Fuerza Aérea.
Las tensiones son palpables. Mientras en Washington se habla de avances en las negociaciones, Irán mantiene su postura firme y ha negado cualquier conversación oficial con la Administración Trump. Sin embargo, el ministro de Exteriores paquistaní ha confirmado que hay conversaciones indirectas entre ambos países. Al mismo tiempo, las cifras no mienten: más de 1.500 muertos han caído en este conflicto desde su inicio.
A pesar del juego diplomático y los gestos aparentemente amistosos por parte del régimen iraní -como permitir el cruce de petroleros estadounidenses-, la situación sigue siendo delicada y compleja. Con cada declaración, cada movimiento político parece estar cargado no solo de estrategia militar sino también emocional.

