Este jueves, las puertas de la Audiencia de Palma se cerraron para dar inicio a un juicio que no deja indiferente a nadie. Un hombre, acusado de haber sometido a una niña nigeriana a una vida de horror y abusos sexuales, se enfrentó al tribunal bajo un manto de secretismo. A petición del fiscal, los medios quedaron fuera, lo que añade más peso al drama que se desarrolla detrás de esas paredes.
Una historia desgarradora
La Fiscalía ha solicitado 40 años de cárcel para este individuo que, tras conocer a la madre de la víctima en Nigeria, logró convencerla para formalizar un matrimonio de conveniencia. Así comenzó su odisea hacia Algaida donde, entre 2015 y 2019, durante años perpetró violaciones diarias y humillaciones contra la menor, quien en ese momento apenas era una adolescente.
Desde su arresto por parte de la Guardia Civil en mayo del año pasado, este hombre permanece en prisión provisional. La narración del Ministerio Fiscal pone en evidencia cómo todo empezó cuando él viajó a Nigeria y estableció contacto con una madre soltera y sus tres hijas. Su interés se centró en la mayor—una niña entonces de solo 7 años—con el terrible objetivo de convertirla en su «esclava doméstica y sexual» aquí en Mallorca.
A pesar del rechazo inicial por parte de la madre, este hombre no dio marcha atrás. En 2016 regresó decidido a cumplir su siniestra misión prometiendo a la mujer una vida mejor para ella y su hija: “Yo seré tu Dios humano”, le dijo. Pero el matrimonio resultó ser solo un papel que le otorgaba acceso legal para traer a la niña consigo.
A medida que pasaban los años y él viajaba anualmente a Nigeria, comenzaba un proceso insidioso donde realizaba tocamientos inapropiados que rápidamente escalaron hacia abusos más graves. Para esa joven víctima, estos actos llegaron a convertirse casi en algo cotidiano; era su forma distorsionada de escapar del ciclo cruel de pobreza.
En noviembre del 2019, el acusado llevó las cosas aún más lejos al hacer firmar un documento comprometiéndola a mantener relaciones sexuales diarias y realizar tareas domésticas como condición para poder trasladarla finalmente a España. Una vez llegados aquí el 30 de noviembre, separó brutalmente a la menor de su madre alegando querer cuidarla solo él.
En esa finca aislada en Algaida comenzó un capítulo aterrador: noches llenas de terror donde ella fue objeto constante del deseo perverso del acusado mientras él controlaba cada aspecto de su vida. Desde redes sociales hasta cámaras instaladas para vigilarla cuando él no estaba presente.
Finalmente, el 15 de marzo del año pasado, con el coraje acumulado durante tantos años, la joven encontró fuerzas para contarle todo a su madre. Juntas decidieron denunciarlo. Días después llegó la detención.

