En un rincón de Toowoomba, Australia, un grupo de ancianos ha tenido la oportunidad de vivir una experiencia única que muchos jamás hubieran imaginado. En el centro St Vincent’s Care Services, estos residentes han podido viajar por todo el mundo sin salir del edificio, gracias a la magia de la realidad virtual. Y lo mejor de todo: su habitación se convirtió en un tren.
La aventura comienza
En colaboración con Che Turner, cofundador de Olive Express, el equipo transformó una sala en un vagón restaurante lleno de pantallas que simulaban ser las ventanas del tren. Mientras los ancianos miraban por esas ‘ventanas’, un avatar creado con inteligencia artificial les guiaba a través del paisaje y les contaba historias sobre cada lugar visitado en cinco idiomas diferentes. ¿Quién podría resistirse a eso?
Los residentes no solo exploraron nuevos destinos; también degustaron platos típicos de cada región. Elzette Lategan, directora del centro, explicó cómo esta experiencia fue diseñada para ofrecer algo verdaderamente innovador y estimulante para aquellos que habían perdido movilidad o tenían algún tipo de deterioro cognitivo. «Todos hemos soñado con viajar y muchos de nuestros mayores lo hicieron cuando eran jóvenes», comentó.
Y es que no es solo diversión; esta propuesta busca mejorar los cuidados paliativos. Según Turner, «la experiencia del tren virtual ayuda a los residentes a volver a casa por última vez». Él mismo se inspiró en su abuela Olive, quien perdió la movilidad con el tiempo y ya no pudo explorar el mundo como solía hacerlo.
Esta iniciativa no solo ha brindado sonrisas y recuerdos renovados, sino que también ha permitido que familiares pasen más tiempo con sus seres queridos durante estas aventuras virtuales. Las cortinas se abren y ahí están ellos: viajando por lugares lejanos mientras comparten momentos inolvidables juntos.

