El pasado viernes, 21 de marzo, el panorama energético dio un vuelco inesperado. Las autoridades de Estados Unidos anunciaron que levantarían las sanciones al petróleo de Irán, pero solo para aquellos cargamentos que ya estaban en camino. Esta decisión llega en medio de un aumento alarmante de los precios del combustible, consecuencia directa de la guerra en Oriente Próximo y el bloqueo del estratégico estrecho de Ormuz.
El Departamento del Tesoro publicó una licencia que permite la compra y venta de crudo iraní que haya sido cargado a partir del 20 de marzo hasta el 19 de abril. Sin embargo, es crucial entender que esta medida es temporal y bastante limitada: solo se aplica a lo que ya está en tránsito y no permite nuevas compras ni producción. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, dejó claro en redes sociales que, aunque se liberarán unos impresionantes 140 millones de barriles, esto no significa que Irán podrá disfrutar libremente de esos ingresos. “Utilizaremos el petróleo iraní contra Teherán para mantener los precios bajos”, afirmó con firmeza.
Reacciones desde Irán ante la jugada estadounidense
La respuesta no tardó en llegar desde Teherán. Saman Ghodousi, portavoz del Ministerio de Petróleo iraní, criticó esta decisión recordando que su país apenas tiene reservas suficientes para abastecer otros mercados internacionales. Y mientras tanto, los precios del crudo siguen escalando debido a las tensiones entre Estados Unidos e Israel contra Irán, quien ha respondido con ataques a buques en el estrecho de Ormuz. Este pasaje es vital para el comercio marítimo global y cualquier alteración allí puede tener repercusiones serias.
A medida que cinco países europeos y Japón se muestran dispuestos a colaborar para asegurar la navegación por Ormuz, la pregunta persiste: ¿hasta dónde llegará esta compleja partida entre potencias? En este escenario cada movimiento cuenta y las decisiones pueden cambiarlo todo al instante.

