La tarde del jueves se tornó caótica en Son Oliva. A las 19:00, un vecino, que no podía creer lo que veía, capturó la escena del accidente: una furgoneta blanca había cruzado imprudentemente las vías del tren sin mirar. Sin duda, un momento que muchos desearían haber evitado.
Todo sucedió en un instante. La furgoneta, aparentemente ajena a las señales de advertencia y al semáforo rojo, se encontró cara a cara con el tren de Sóller. El impacto fue brutal; el vehículo fue arrastrado varios metros hasta quedar detenido junto a los muretes de una rotonda cercana al centro deportivo. “No vi llegar el tren”, repetía el conductor como si eso pudiera cambiar lo ocurrido.
Testigos atónitos y un barrio paralizado
Los vecinos no tardaron en reaccionar ante la escena desconcertante. Algunos miraban con incredulidad mientras otros señalaban la irresponsabilidad del conductor que, además, derribó varios semáforos en su camino. A pesar de lo aparatoso del choque, afortunadamente nadie resultó herido, aunque sí hubo daños considerables.
A la llegada de la Unitat de Vehicles d’Accidents (UVAC), se inició rápidamente el proceso para levantar acta del incidente. Y mientras tanto, la congestión en la zona crecía; imagínate un punto neurálgico donde convergen varias vías y acceso a la Vía de Cintura… ¡un caos total! Los conductores atrapados seguramente pensaron que era solo otro día más hasta que este accidente les cambió los planes.
No es solo cuestión del tren; es cuestión de atención y responsabilidad en la carretera. Un buen susto para todos los implicados y una lección para recordar: hay señales por algo.

