Biel Mesquida, el talentoso escritor mallorquín, ha sido reconocido con el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes, un galardón que no solo celebra su carrera, sino también su compromiso con una cultura que hoy se encuentra en la cuerda floja. Este premio, instaurado por Òmnium Cultural en 1969, busca honrar a quienes han dejado una huella indeleble en la vida cultural de los Països Catalans. Y vaya si lo ha conseguido este autor nacido en Castelló de la Plana en 1947.
Una voz viva en tiempos inciertos
Durante la ceremonia, Mesquida dejó claro que no está dispuesto a ser un autor ‘museizable’. “Soy un autor vivo y sigo luchando desde mi trinchera”, afirmó con firmeza ante un público atento. En sus palabras resonaba una mezcla de orgullo y preocupación por el presente del catalán, sumido en una crisis que él mismo describió como una “emergencia”. Se sentía como un soldado al pie del cañón: “Los escritores somos soldados de la cultura catalana”, decía mientras recordaba la importancia de crear obras excelentes.
A pesar de haber vivido momentos oscuros durante el franquismo, cuando su obra ‘Ladolescent de sal’ fue censurada, Mesquida se mantiene indomable. Criticó abiertamente a aquellos que intentan blanquear ese pasado oscuro y subrayó cómo las maniobras políticas actuales amenazan con despojar a Cataluña de su rica herencia cultural. “El franquismo aún está aquí”, sentenció, dejando claro que no tiene intención de callar ante las injusticias.
Su trayectoria literaria abarca más de cinco décadas y está llena de creaciones donde explora temas tan variados como la identidad y el amor. Su estilo es apasionado y visceral; habla directamente al corazón del lector. Entre sus obras más notables están los poemarios ‘El bell país on els homes desitgen els homes’ y ‘Carpe Momentum’, así como novelas impactantes que nos invitan a reflexionar sobre nuestra propia existencia.
Biel Mesquida sigue siendo un referente para nuevas generaciones y un defensor ferviente del uso del catalán. En cada palabra transmite unas ganas inagotables de seguir creando y compartiendo historias. “La literatura me salva y nos salva”, dice con convicción. Al final del día, todos queremos creer en esa energía humana que emana desde las letras; porque leer nos hace más guapos, o al menos eso dice él con una sonrisa cómplice.

