Manuel Tortosa y María Martorell, dos rostros muy conocidos en el Coll d’en Rabassa, están a punto de cerrar un capítulo que ha durado casi dos décadas. «Creo que nos hemos ganado disfrutar un poco de la vida», comenta Manuel con su característico acento granadino, mientras se prepara para dejar la Cervecería El Triunfo, ese rincón tan querido por los vecinos. A partir del 31 de mayo, sus puertas se cerrarán definitivamente.
Un traspaso lleno de recuerdos
La noticia ha dejado a muchos sorprendidos y nostálgicos. «Pusimos un cartel y duró un mes; lo han cogido unos amigos búlgaros que eran clientes nuestros», explica Manuel con una mezcla de alegría y tristeza. Ellos han sido parte fundamental del alma del lugar, donde las tapas y el buen ambiente siempre han reinado. La despedida no será fácil; a pesar de que el local seguirá abierto bajo nueva dirección, el corazón del Triunfo siempre será suyo.
Después de tantos años en la hostelería –y tras haber trabajado en otros bares como El Patio Salao– Manuel siente que es hora de hacer un cambio. “Llega un momento en la vida en que tienes que hacer cuentas y si puedes disfrutar un poco, ¿por qué no?”, reflexiona con esa amabilidad innata que le caracteriza.
Para ese último día han planeado una fiesta especial: “Queremos invitar a todos los amigos y clientes que nos han acompañado en este viaje”, dice emocionado. Desde 2008, cuando tomaron las riendas del bar, su labor ha sido más allá de servir cervezas; han tejido una red de relaciones humanas profundas con quienes pasaban por allí.
“Yo llevo 30 años aquí”, añade Manuel recordando todos esos momentos vividos entre risas y anécdotas compartidas. Y aunque está contento por lo que vendrá –viajes y nuevas aventuras junto a María– no puede evitar sentir una punzada al pensar en dejar atrás todo lo conocido: “Hemos pasado tantas horas aquí…”. Pero como él mismo dice, todo tiene su final, aunque El Triunfo siempre tendrá su huella en el barrio.

