La realidad del sinhogarismo ha encontrado un nuevo escenario, y no es otro que el mismo corazón administrativo de nuestra ciudad. A escasos pasos del edificio de Gesa, en la calle Joan Maragall y muy cerca del famoso Parque Pocoyó, se levanta un asentamiento donde conviven personas en situación de indigencia. Un lugar que, irónicamente, está a la vista de quienes trabajan en las oficinas municipales.
Una imagen desgarradora
Mientras los empleados públicos cumplen con su jornada, el sonido de una radio resuena entre los muros del edificio. Allí se agrupan varias personas de origen norteafricano que han decidido marcar su ‘territorio’ con una pequeña bandera de Marruecos. En medio de este cuadro desolador, colchones destrozados, mantas raídas y restos de comida crean un paisaje que habla por sí mismo; uno lleno de grafitis que reflejan el abandono sistemático que viven estos ciudadanos.
No muy lejos de allí, a la vista desde las oficinas municipales, hay dos pequeños asentamientos más. El contraste es brutal: dentro todo parece seguir su curso normal mientras afuera se desarrolla una realidad paralela que incomoda a todos los presentes. Uno de los transeúntes no puede contenerse y le comenta a su compañero: «Esto verás que es lo que está pasando en otros sitios», dejando claro lo evidente: esta imagen no debería ser parte del paisaje urbano en Palma.
A lo largo del tiempo, este rincón ha sido señalado como un punto neurálgico del sinhogarismo. El espacio alrededor del viejo edificio ha vuelto a ser ocupado por aquellos que buscan refugio, aunque sea bajo la mirada atenta y muchas veces indiferente de funcionarios y usuarios del Ayuntamiento.

