Desde que Carlos Alcaraz llegó a Indian Wells el 1 de marzo, su vida ha tomado un giro especial. Este joven murciano, número uno del mundo, ha decidido compartir su estancia con su equipo y familia en una espectacular casa que parece sacada de un sueño. Con vistas a un campo de golf que quita el aliento, Carlitos no puede evitar sonreír al pensar en las horas que pasará allí. «No sé si entrenaré más a golf que a tenis», admitía entre risas antes de lanzarse a la aventura en el Valle de Coachella.
La magia de la convivencia
El hogar se convierte en un refugio donde todos aportan su granito de arena. Desde Samuel López, su técnico; hasta Tomás Noguera, su tío y maestro de ceremonias en las barbacoas. La cocina se llena de risas y aromas mientras preparan comidas juntos, lejos del bullicio frío y distante de los hoteles. Aquí también hay tiempo para juegos: entre manos cartas van pasando; ahora están enganchados al Exploding Kittens y antes eran adictos al Impostor durante el torneo en Doha.
No es casualidad que Alcaraz haya conquistado dos de las últimas tres ediciones del torneo californiano desde que optó por esta casa acogedora. Esa misma fórmula la repite durante la gira británica donde alquila una vivienda cerca del All England Club para sus enfrentamientos en Queens y Wimbledon.
A medida que avanza el Masters 1000, Carlos se prepara para medirse contra Arthur Rinderknech esta madrugada. Su deseo es disfrutar cada instante en este auténtico paraíso llamado Tennis Garden.

