El pasado 8 de marzo, Palma se llenó de voces unidas en una manifestación que clamaba por la igualdad y el respeto. Desde las primeras horas de la mañana, mujeres y hombres salieron a las calles para dejar claro que no están dispuestos a permitir que se tiren a la basura años de avances conseguidos con esfuerzo. La convocatoria, cargada de emoción, reunió a miles de personas que, con pancartas en mano, expresaban su rechazo a la extrema derecha y al avance del retroceso en los derechos fundamentales.
Un recorrido lleno de historia y valentía
Desde Dalt Vila hasta el Botafoc, cada paso resonaba con fuerza. Las consignas eran un eco del deseo colectivo por una sociedad más justa e inclusiva. “No vamos a permitir que nuestro futuro se decida sin nosotras”, gritaba una joven entre la multitud, mientras otras le secundaban con aplausos y vítores. Este evento no solo fue un acto reivindicativo; fue una celebración del poder femenino y una defensa apasionada del progreso social.
A medida que avanzaba la marcha, era evidente que esta lucha va más allá del simple acto de manifestarse. Es un grito contra el monocultivo turístico, contra esas decisiones políticas que ignoran las necesidades reales de nuestra comunidad. Se recogieron más de 2.300 firmas para proteger espacios verdes como el Pulmón Verde de Son Bonet ante proyectos desmesurados como megaparques fotovoltaicos que amenazan nuestra tierra.
Este 8-M dejó claro algo: estamos juntos en esto y no vamos a dar ni un paso atrás.

