Era una tarde cualquiera en Palma, cuando el pasado miércoles se produjo un choque que dejó a todos sorprendidos. Un chófer de la EMT, al volante de un autobús de la línea 19, embistió a un taxista en las cercanías de la parada Plaza España. Al llegar los agentes de la Policía Local, el conductor del autobús aseguró que no tenía intención alguna de llevarse por delante ni al vehículo ni a su conductor. Pero, ¿realmente fue así?
Un relato cargado de tensión
El hombre se presentó ante los agentes acompañado de su abogado, aunque no se le detuvo. Sin embargo, quedó como investigado por daños, lesiones leves y conducción temeraria. Las palabras del taxista contadas en una entrevista son desgarradoras: «Entré en la parada y vi a dos compañeros que estaban cargando y me quedé esperando. El semáforo estaba en rojo y no podía pasar. El autobús tampoco, evidentemente». Es difícil imaginar la angustia que sintió cuando vio cómo el bus lo embestía tras pitarle insistentemente.
A pesar del dolor sufrido por el taxista, quien terminó con lesiones en un tobillo y su vehículo gravemente dañado, lo más preocupante es cómo situaciones así pueden ser simplemente catalogadas como accidentes sin mayores consecuencias. La empresa municipal ha decidido esperar antes de tomar acciones sobre el futuro laboral del implicado, dejando claro que estas decisiones nunca son fáciles.
Mientras tanto, se espera que el informe policial sea enviado a un juzgado para esclarecer lo ocurrido aquel día fatídico. En cualquier caso, este incidente nos recuerda lo frágil que puede ser nuestra rutina diaria en las calles.

