Antonio Vadillo, el carismático entrenador del Illes Balears Palma Futsal, se sentaba a reflexionar sobre el último encuentro. No era fácil para él, porque aunque había motivos para sonreír, también había un regusto amargo que no podía esconder. «Estoy feliz», decía con sinceridad. Y es que al analizar la eliminatoria, se daba cuenta de que su equipo había sido claramente superior.
Recuerda el partido de ida como un momento brillante; en cambio, la vuelta fue un auténtico quebradero de cabeza debido a una pista recién barnizada que complicaba hasta los pases más sencillos. La segunda parte trajo consigo una racha de oportunidades: después de una ocasión clara para ellos, su equipo tuvo seis o siete ocasiones de gol. Pero al final, esa sensación agridulce se apoderó de él cuando ese gol inesperado les dejó fuera y rompió su racha imbatible en Europa.
Una mirada hacia atrás y hacia adelante
A pesar del desánimo por la derrota, Vadillo no podía evitar sentirse orgulloso: «Sobre todo por el club y por los jugadores», confesó. Al recordar agosto, no podía imaginarse alcanzando su cuarta Final Four consecutiva. Sin embargo, admitía estar cansado; esa carga emocional pesaba tanto sobre él como sobre su familia. Pero ser entrenador le daba una satisfacción indescriptible al haber logrado competir en cuatro Copas de Europa seguidas.
Y como si necesitara aligerar el ambiente con un toque de humor, añadió entre risas: «En los últimos días se ha hecho muy famosa una canción y nosotros también hemos hecho nuestra versión: Por la mañana café, por la tarde ron, nos vamos a Pésaro con Carlos Barrón». Un gesto que muestra cómo aún en los momentos difíciles hay espacio para las sonrisas y el compañerismo.

