En una madrugada que prometía ser tranquila, el pasado 2 de marzo, la Policía Local de Palma se encontró con un espectáculo nada habitual en el polígono de Can Valero. Más de 300 personas y alrededor de 40 coches habían decidido congregarse para disfrutar de lo que muchos describen como una fiesta sobre ruedas. Sin embargo, las maniobras arriesgadas y la quema de neumáticos pronto hicieron sonar las alarmas.
A medida que avanzaba la noche, los agentes se percataron de lo que estaba sucediendo en la calle Quatre de Novembre. Consciente del peligro inminente, decidieron disolver esta aglomeración en nombre de la seguridad pública. Pero los jóvenes no se dieron por vencidos; rápidamente cambiaron su escenario y se desplazaron hacia la calle Gremi de Velluters en Son Rossinyol.
Actuaciones contundentes ante el desmadre
No tardó mucho para que varias unidades del Grupo de Actuación Preventiva (GAP) llegaran al nuevo lugar y pusieran fin a otra quedada, mostrando su firmeza ante situaciones que claramente podían salirse de control. Además, no solo los participantes recibieron atención; un local nocturno también fue multado por exceso de aforo.
El balance final fue contundente: 53 personas identificadas, cuatro vehículos registrados y un total escalofriante de 30 actas levantadas por consumo de alcohol en vía pública. También hubo sanciones por tenencia de sustancias estupefacientes y desobediencia a las autoridades. Dos vehículos acabaron en el depósito municipal tras una actuación sin precedentes.
No todo terminó ahí; además se produjo un accidente donde el conductor resultó positivo en etilometría, lo cual levanta más preguntas sobre el comportamiento irresponsable durante esa noche. En resumen, una serie de eventos que nos recuerda cómo unos pocos pueden poner en jaque la tranquilidad del vecindario mientras otros sufren las consecuencias.

