Esta mañana, un grupo de valientes se ha congregado ante el portón trasero de la vieja cárcel de Palma. Un lugar que, en lugar de ser un simple recuerdo del pasado, se ha convertido en un refugio para más de 200 personas que resisten con dignidad dentro de esas viejas paredes. Con el Ayuntamiento de Palma preparándose para desalojar a estos vecinos, la tensión en el ambiente es palpable.
Una lucha por la vivienda
La concentración no solo fue organizada por algunos residentes, quienes han hecho su hogar en celdas y espacios que antes eran utilizados por funcionarios. Entidades como ‘Menys turisme, més vida’ y el Sindicat de l’Habitatge también alzaron sus voces para exigir alternativas habitacionales reales. No es justo que estas familias tengan que vivir con la incertidumbre mientras esperan una solución del Ayuntamiento.
Con pancartas que gritaban ‘Habitatge per a tothom’, los asistentes mostraron su solidaridad y frustración. Y es que los servicios sociales están desbordados; ¿cómo es posible que aquellos encargados de ayudar no puedan ofrecer una salida firme? La comunidad está clamando por apoyo, y no solo del Ajuntament, sino también de otras instituciones.
A pesar de las preocupaciones por seguridad debido a incendios recientes en el recinto, lo cierto es que muchos creen que el verdadero problema radica en un sistema incapaz de dar respuesta a las necesidades básicas. Mientras tanto, las historias detrás de esos muros siguen esperando ser escuchadas y valoradas. La lucha continúa y juntos reclaman lo más esencial: un hogar seguro.

