El 23 de noviembre de 1990, la vida de Juan M.M., el querido propietario del ‘Bon Pollastre’, se apagó de forma repentina y confusa en el corazón del barrio chino de Palma. Este hombre, un ibicenco de 60 años conocido por su famoso negocio de pollos al ast, fue encontrado sin vida frente a su local, dejando tras de sí un misterio que aún perdura.
Un final inesperado
Aquel fatídico viernes, cuando el reloj marcaba las diez y cuarto de la noche, los servicios de emergencia recibieron una llamada alarmante. Un hombre yacía inmóvil sobre el asfalto, justo a la entrada del establecimiento que había sido su orgullo durante más de tres décadas. Al principio se pensó que podría haber sufrido un infarto, pero todo cambió con la intervención de un testigo anónimo que reportó haber visto cómo otro hombre le propinaba un golpe en la cabeza.
Las autoridades llegaron rápidamente y acordonaron la zona; no era solo un accidente. Juan había sido golpeado y su cartera estaba desaparecida. Lo más desgarrador fue escuchar las palabras que pronunció antes de fallecer: «Ya estoy listo», según relató una mujer que presenció la escena sin poder hacer nada por ayudarlo.
La investigación estuvo a cargo del Juzgado de Instrucción número 3, donde el juez José Castro tomó declaración a varios testigos. Aunque la Policía Local encontró finalmente su cartera en el barrio chino, estaba vacía; solo contenía documentos y algunas facturas. El robo parecía ser el móvil detrás del crimen, pero algo no encajaba.
Poco después supimos que Juan había sufrido previamente una embolia cerebral que lo había llevado al hospital. Esa noche fatal, durante una discusión acalorada con un individuo conocido como ‘El Mono’, sufrió otra crisis médica que le costó la vida. ¿Fue ese golpe mortal o simplemente una coincidencia desafortunada?
‘El Mono’, quien fue arrestado tras el incidente, negó rotundamente haberlo agredido; aseguró que solo discutieron por unos pollos encargados. A pesar de las sospechas sobre él y las pruebas contradictorias, fue liberado bajo fianza sin cargos definitivos.
Hoy recordamos esta historia como un triste eco del pasado: una muerte trágica rodeada por circunstancias oscuras y preguntas sin respuesta. La comunidad sigue buscando justicia para Juan M.M., cuya memoria permanece viva entre aquellos que disfrutaron sus deliciosos pollos al ast en ese rincón tan emblemático de Palma.

