El torrente de Sa Riera, que serpentea desde las montañas de la Serra de Tramuntana hasta desembocar en la hermosa bahía de Palma, se ha convertido en un reflejo triste de lo que ocurre cuando la desesperación y el abandono se cruzan. En este rincón, donde deberían fluir aguas limpias y cristalinas, ahora brotan chabolas y tiendas de campaña, resultado del olvido por parte de quienes deberían cuidar nuestra ciudad.
Un paisaje desolador
A la entrada del polígono industrial de Can Valero, justo al lado de un campo de fútbol que suele resonar con risas y gritos, encontramos uno de los asentamientos más visibles. Aunque el torrente ha sido limpiado para permitir el paso del agua durante tormentas —y vaya que las hemos tenido— esa limpieza no ha hecho más que resaltar una realidad aún más inquietante: la presencia constante del incivismo y la basura acumulada.
Imaginemos por un momento esa macrochabola que allí se erige. No es solo una vivienda improvisada; es un hogar rodeado de objetos recogidos sin descanso por sus habitantes. Entre ellos se encuentran placas solares llamativas que contrasta con los restos abandonados a su alrededor. Cuando bajamos al torrente, nos enfrentamos a un espectáculo lamentable: electrodomésticos tirados como si fueran simples desechos, neumáticos olvidados y hasta colchones desgastados. Todo esto no solo contamina visualmente el entorno, sino que también atrae roedores y otras plagas.
Y mientras algunos trabajadores del polígono o aficionados al fútbol muestran su preocupación por esta situación vergonzosa, nosotros nos preguntamos: ¿hasta cuándo permanecerá este cuadro dantesco ante nuestros ojos? Una última intervención podría darles a estos espacios una imagen digna y limpia. Pero claro, eso requeriría algo más que buenas intenciones; necesitaríamos acción real.

