En la calidez de Mallorca, un lugar que respiraba esfuerzo y dedicación, nació una historia que cambió el rumbo del ciclismo español. Hablamos de Alexander Nietzigorostev, un entrenador ruso que dejó su impronta en nuestra isla y cuya frase resonó con fuerza entre los ciclistas: “Elige el día del año que quieras para descansar. Solo tendrás uno”.
Desde 1990, este hombre metódico se hizo cargo de la preparación del equipo nacional de ciclismo en pista, concentrándose en el velódromo de Son Moix. Su llegada fue como un soplo de aire fresco; mientras otros buscaban modelos a seguir en sus propias tierras, nosotros tuvimos la fortuna de contar con su disciplina y rigor. Teo Cabanes, médico del equipo por aquellos años, recuerda cómo cada jornada era una lección intensa. “Era duro”, confiesa Cabanes. “Entrenaba hasta cuatro veces al día: carretera, pista, gimnasio e incluso natación por las noches”.
La magia del oro olímpico
Y así transcurrieron tres años cargados de sudor y sacrificio. José Manuel Moreno se convirtió en el estandarte del equipo y bajo la dirección de Nietzigorostev logró conquistar no solo un oro olímpico en Barcelona ’92 sino también un Mundial. “Fíjate cómo era”, relata Cabanes emocionado, “el día antes de la medalla me dijo que Moreno bajaría de 1:04… ¡y así fue! Un récord olímpico que aún resuena”. La conexión entre ellos fue más allá del entrenamiento; había respeto y confianza mutua.
A veces parece increíble pensar cómo aquel entrenador soviético logró adaptarse tan bien a nuestro entorno. Para comunicarse mejor con su equipo, incluso se valieron de un intérprete republicano que había vivido en Rusia. “Le cambiamos la vida”, asegura Teo con una sonrisa; lo cierto es que todos aprendieron juntos.
Aquellos días intensos quedarán grabados para siempre como una etapa dorada donde Mallorca brilló gracias al empeño y dedicación de personas como Alexander Nietzigorostev. Una historia digna de recordar.

