El 5 de enero, la vida de Joyce P., una alemana de 36 años, dio un giro desgarrador. En Wilfersdorf, un pequeño pueblo austriaco donde había decidido establecerse con su pareja, fue asesinada por Stefan, su novio de 47 años. Este acto brutal no solo ha dejado a sus seres queridos destrozados, sino que también ha sacudido las conciencias en Alemania y Austria.
Lo que ocurrió después es aún más escalofriante. Stefan ocultó el cuerpo de Joyce durante ocho días en el sótano del hogar que compartían. Fue una llamada desesperada a un amigo lo que finalmente llevó a la policía hasta él. Cuando lo detuvieron, se descubrió que tras una discusión acalorada, él había tomado decisiones fatídicas y alegaba que ella le había atacado con un cuchillo. Sin embargo, nada justifica lo sucedido; no hay palabras para explicar cómo se puede pasar de un amor proclamado públicamente en Facebook a convertirse en el asesino del ser amado.
Un pasado marcado por el amor y el dolor
Años atrás, Joyce encontró su camino hacia Mallorca. Allí vivió momentos inolvidables: trabajó como recepcionista en hoteles reconocidos y formó amistades entrañables. El cariño hacia esta isla era palpable, especialmente porque aquí había construido parte de su vida junto a su marido español. Pero no todo fue color de rosa; los vecinos atestiguaron sobre una relación tormentosa marcada por episodios oscuros y problemas con la policía.
La última publicación de Joyce en redes sociales resonaba con optimismo: «Nuestra historia puede no ser la típica… pero estoy tan agradecida por cada momento». Unas palabras cargadas de amor que contrastan brutalmente con el desenlace trágico que le esperaba. Y aunque los ecos del crimen hayan llegado lejos y hayan hecho ruido entre titulares sensacionalistas, lo cierto es que detrás hay una historia humana desgarradora donde se mezclan los sueños rotos y los amores perdidos.

