Los trabajadores de SFM han dejado claro que están cansados de promesas vacías. «O hacen una propuesta real esta semana o volveremos a las paradas», aseguran con firmeza. La situación es insostenible y ellos lo saben. La presión va en aumento y, mientras tanto, la comunidad observa cómo se desmorona un servicio esencial para muchos.
Una lucha por el futuro
La tensión crece entre los empleados y la dirección. Todos somos testigos de un conflicto que podría afectar gravemente a los usuarios. Es un tira y afloja donde cada día cuenta, y ellos no están dispuestos a tirar la toalla. Como dice uno de los afectados: «No podemos seguir así; necesitamos acciones concretas, no palabras».
El tiempo apremia y la esperanza se convierte en desesperación si no se toman decisiones rápidas. En este contexto, la comunidad mira con atención, consciente de que el destino del transporte público está en juego. Al fin y al cabo, somos nosotros quienes utilizamos estos servicios día tras día.

