En Palma, cinco mujeres valientes han decidido dar un paso al frente y denunciar a un hombre que, según ellas, las drogó y violó. Este hecho ha destapado una lista «bastante amplia» de posibles víctimas, muchas de ellas aterrorizadas por el miedo y la incertidumbre. Algunas incluso son menores. Las denunciantes, representadas por los abogados Joan Arbós y Daniel Castro, prefieren mantener su identidad en secreto para protegerse.
Un depredador entre nosotros
El presunto agresor, A. C., un educador social mallorquín de 34 años, seducía a personas vulnerables y marcaba su sello personal: mordiscos en la cara o el pecho. Desde finales de enero está tras las rejas, tras ser detenido por la Policía Nacional. María José, con solo 22 años, recuerda cómo conoció a A. C. en un campamento cuando ella tenía 14: «Las relaciones sexuales fueron violentas desde el principio», confiesa angustiada. Él le hacía maquillarse para ocultar los moratones que dejaba.
Por su parte, Alejandra cuenta cómo se sintió atrapada en una noche de marzo de 2017: «Desperté desnuda en su cama con marcas en mi cuerpo». Ella reconoce que había algo extraño en aquel encuentro; las piezas encajaron cuando conoció a otras víctimas y comprendió que él podría haberle echado algo a su bebida.
Olga también comparte su dolorosa experiencia: «No le pude poner la etiqueta de violación porque éramos amigos». Pasaron años sin enfrentar lo sucedido hasta que decidió denunciar al saber que había más chicas como ella. Silvia se une al relato con sus propias cicatrices emocionales: «Me acostumbré a estar siempre marcada», dice con tristeza mientras rememora cómo fue manipulada durante años.
Finalmente, Laura revive aquella noche oscura del pasado donde todo parecía normal hasta convertirse en una pesadilla: «Desperté llena de marcas y con flashes muy confusos». Estas historias no son solo relatos aislados; son ecos del sufrimiento compartido por muchas más mujeres que aún viven con miedo.

