En un movimiento que ha dejado a muchos boquiabiertos, Donald Trump, el presidente estadounidense, ha decidido tirar por la borda una legislación clave aprobada durante la administración de Barack Obama. Esta ley, que establecía estándares climáticos para controlar la emisión de gases de efecto invernadero, ya no tendrá vigencia. En su comparecencia en la Casa Blanca, Trump no se mordió la lengua al calificarla como ‘una política desastrosa’ y culpó a esta normativa de causar estragos en la industria automovilística y disparar los precios para todos nosotros.
Una decisión polémica con ecos globales
El magnate argumentó que este enfoque ‘no tiene nada que ver con la salud pública’ y fue más allá al afirmar que ‘todo esto fue una estafa’. Para él, los combustibles fósiles son héroes que han sacado a millones de personas de la pobreza alrededor del mundo. Sin embargo, es necesario recordar que esta normativa era crucial para proteger nuestro entorno; establecía restricciones sobre gases como el dióxido de carbono y el metano, considerados peligrosos para nuestra seguridad.
La administración Trump no solo dejó caer esta ley, sino que también abandonó el Acuerdo de París y ha impulsado políticas para fomentar la producción energética basada en petróleo crudo y carbón. Y aquí estamos, viendo cómo Washington también se aleja de compromisos internacionales esenciales en materia climática.

