Hoy, el eco del horror se vuelve a escuchar en Ucrania. Al menos dos vidas se han perdido debido a una nueva ofensiva del Ejército ruso, que apunta sin piedad a la infraestructura energética del país. El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, no ha dudado en confirmar esta trágica noticia y ha dejado claro que Kiev y sus alrededores son el centro de este ataque brutal.
En un despliegue de fuerza aterrador, las tropas rusas han lanzado 25 misiles y 219 drones, aunque Zelenski también ha querido resaltar que muchos de ellos fueron interceptados con éxito. Sin embargo, la pérdida humana siempre duele, y hoy esa realidad se siente más pesada que nunca.
La vida cotidiana hecha añicos
Zelenski compartió su dolor en las redes sociales: «Hasta ahora se han confirmado dos muertos en este ataque». La situación es crítica; edificios enteros quedan sin calefacción mientras la población enfrenta temperaturas gélidas. La guerra no solo arrasa con infraestructuras, sino que deja a los ciudadanos luchando por sobrevivir en un invierno implacable.
A medida que el frío se hace sentir con temperaturas por debajo de los 20 grados bajo cero, el Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU, Volker Turk, ha alzado su voz contra estos “incansables ataques” que privan a miles de civiles de lo más básico: luz, calefacción y agua caliente. ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI estemos viendo esto?
Las aulas vacías hablan por sí solas; muchas escuelas han cerrado porque no hay calefacción suficiente. Las personas mayores y aquellos con discapacidad están atrapados en pisos altos sin poder salir. Todo esto sucede mientras nuevos ataques dejan a zonas enteras sumidas en la oscuridad otra vez.
Todas estas acciones son ilegales bajo el Derecho Internacional Humanitario. Turk pide urgentemente a Rusia que detenga estos ataques inhumanos: “Las consecuencias son desastrosas”, enfatiza. Y nosotros nos preguntamos: ¿hasta cuándo?

