Las olas rompen con fuerza en Cala Sant Esteve, un lugar que ha sido refugio para muchos. Sin embargo, hoy ese refugio se ha vuelto peligroso. Las autoridades han dado la orden de desalojar las casas en esta zona y también las del Fonduco, debido al serio riesgo de deslizamientos en el acantilado que amenaza con tragarse lo que queda de seguridad para sus habitantes.
La preocupación se hace palpable
No es solo un número más en una lista de evacuaciones; aquí hay vidas, historias y recuerdos. La alarma ha sonado fuerte, y mientras algunos buscan soluciones rápidas, otros se sienten impotentes ante una situación que parece repetirse. ¿Hasta cuándo vamos a vivir con esta incertidumbre?
El PSIB no ha tardado en reaccionar. Exigen la dimisión del batle Perelló tras su nombramiento como director general de Cultura. “¿Es esto lo que queremos para nuestra comunidad?”, preguntan los críticos. La gestión se tambalea, y cada día que pasa sin respuestas claras es un día más donde la angustia crece.
Y entre tanto ruido político, uno no puede evitar preguntarse: ¿por qué seguimos permitiendo este monocultivo turístico? Mientras tanto, las reservas hídricas suben al 51%, pero eso parece ser solo un consuelo cuando nuestra tierra grita por atención y cuidado.
No olvidemos a aquellos que están sufriendo hoy; porque detrás de cada decisión política hay personas reales con sueños e ilusiones destruidas por la falta de acción responsable.

