En Bruselas, el 2 de febrero, se vivió un momento tenso. La Unión Europea ha alzado la voz para condenar la reciente decisión del Parlamento de Irán, que ha decidido señalar como terroristas a los ejércitos de los Estados miembros. Todo esto en medio de un clima ya complicado tras la inclusión de la Guardia Revolucionaria Islámica en la lista negra europea la semana pasada.
El portavoz de Exteriores de la UE, Anouar el Anouni, no se anduvo con rodeos: “Rechazamos este anuncio y las acusaciones en su totalidad”. Sus palabras resonaron con fuerza en una rueda de prensa que dejó claro que Europa no está dispuesta a quedarse callada ante esta provocación. Y es que no es para menos; el presidente del Parlamento iraní, Mohamed Baqer Qalibaf, había calificado a los ejércitos europeos como organizaciones terroristas, lanzando un mensaje incendiario desde Teherán.
Una escalada peligrosa
Qalibaf afirmó que según su legislación, los ejércitos europeos son considerados grupos terroristas y advirtió que las consecuencias recaerían sobre la Unión Europea. En este contexto tan volátil, el Gobierno iraní también decidió convocar a todos los embajadores europeos en Teherán para protestar formalmente por las decisiones recientes. El Anouni trató de restarle importancia a esta acción diplomática habitual, pero no se puede negar que el ambiente está cargado.
A pesar de todo este lío diplomático, parece que Europa quiere mantener canales abiertos con Irán. La declaración contra la Guardia Revolucionaria podría ser solo una parte más de una compleja negociación entre ambos lados. Es evidente que estamos ante un capítulo más en esta historia llena de tensiones y acusaciones mutuas.

