Juan Aguirre, el guitarrista del emblemático grupo Amaral, se siente como un niño en la víspera de su cumpleaños. Después de recuperarse de una lesión que le obligó a posponer un concierto en San Sebastián, está ansioso por volver a los escenarios. Aunque tienen pocos conciertos programados, su enfoque ahora está en componer el próximo disco.
«El cariño de la gente nos llena de responsabilidad», confiesa Juan. Y es que lo que han logrado es algo digno de admirar: conectar con diversas generaciones. «Nunca pensamos que nuestra música llegaría tan lejos», dice, reflejando esa mezcla de sorpresa y gratitud que sienten por el apoyo incondicional del público.
Una conexión única con su audiencia
Cada vez que alguien le pide una foto, independientemente de la edad que tenga, Juan se siente impresionado. «Cuando me dicen que mi música forma parte de la banda sonora de su vida, no puedo evitar emocionarme», añade. Este cariño les impulsa a ofrecer lo mejor en sus conciertos y a plasmar sus emociones en cada canción.
A pesar de llevar tres décadas en el mundo musical, sorprende ver cómo tienen más oyentes mensuales en Spotify que muchos artistas actuales. Pero para ellos, las cifras nunca han sido lo más importante. «Siempre hemos creído que hacer música es lo esencial; las cifras son solo números», aclara Juan con firmeza.
A medida que reflexionan sobre su trayectoria y los himnos como ‘Marta, Guille y los demás’, reconocen que la verdadera magia radica en lo que sienten al componer. «No sabemos si una canción será un éxito hasta después; solo dejamos fluir nuestras emociones», comparte Juan con sinceridad.
Afrontar la creación de un nuevo disco ha cambiado con los tiempos y la tecnología, pero esa chispa inicial permanece intacta. «La inquietud ante una nueva canción sigue siendo igual; sentimos esa necesidad urgente de transmitir algo», revela.
Pese a todo esto, no planean demasiado el futuro porque saben muy bien cómo funcionan las cosas: «Si hubiésemos hecho planes estrictos no estaríamos donde estamos hoy», concluye Juan con una sonrisa.
Y así queda claro: Amaral seguirá escribiendo su historia mientras disfrutan cada nota del camino.

