Teherán se ha pronunciado con firmeza, afirmando que sus fuerzas de seguridad han «puesto el último clavo en el ataúd del terrorismo» después de una serie de movilizaciones que han sacudido al país. La situación, aseguran desde la policía iraní, está bajo control, aunque las denuncias sobre la represión y los cientos de muertos tras las protestas por la crisis económica son difíciles de ignorar.
El jefe de la Policía, Ahmadreza Radan, no ha dudado en atribuir su éxito a la «gracia de Dios» y a una población consciente que se ha manifestado a favor del Gobierno. Este respaldo, según él, fue clave para revitalizar a las fuerzas gubernamentales. Al parecer, durante la noche del jueves hubo una calma inusitada en el país; nada que ver con los días pasados donde las calles ardían en llamas y gritos de protesta resonaban.
¿Realmente está todo bajo control?
A pesar de los anuncios optimistas del Gobierno, se han llevado a cabo detenciones de supuestos miembros de «células terroristas», dejando claro que la tensión sigue latente. El ministro de Defensa iraní, Aziz Nasirzadé, sostiene que Teherán tiene información precisa sobre cómo Estados Unidos e Israel habrían estado apoyando a separatistas y terroristas durante estas manifestaciones. De hecho, Irán acusa al presidente estadounidense Donald Trump de utilizar esta violencia como excusa para justificar una intervención militar.
Aunque abogan por un diálogo con Washington para resolver diferencias, no ocultan que están listos para cualquier eventualidad bélica. Recordemos que ya hubo un intento militar por parte de Israel en 2025 que dejó huella: un conflicto breve pero intenso donde volaron misiles hacia territorio israelí y bases estadounidenses en Oriente Medio.

