La tensión entre Dinamarca y Estados Unidos ha subido como la espuma tras las últimas declaraciones sobre Groenlandia. Lars Lokke Rasmussen, el ministro de Exteriores danés, no se anduvo con rodeos al afirmar que «el grupo de trabajo acordado por estadounidenses, groenlandeses y daneses no continuará las conversaciones sobre la anexión de Groenlandia». Mientras tanto, desde la Casa Blanca se insistía en que había planes para mantener «conversaciones técnicas» sobre el territorio ártico.
Una línea roja que no se cruza
En una entrevista con la cadena pública danesa DR, Lokke dejó claro que «Estados Unidos debe respetar las ‘líneas rojas’ del Reino de Dinamarca», haciendo hincapié en que «no deben poseer Groenlandia». La postura es firme: cualquier intento de Washington por hacerse con el control de la isla sería considerado «impensable». Con palabras contundentes, subrayó: “Nosotros no queremos eso ni en Dinamarca ni en Groenlandia, y va contra todas las normas internacionales”. Y así lo reafirmó ante sus colegas estadounidenses: él estaba allí y sabe lo que se acordó.
Y aunque reconoció la importancia de abordar los desafíos de seguridad a largo plazo, dejó claro que esto no implica una toma de control por parte de EE.UU., un mensaje directo a quienes insisten en cambiar las reglas del juego.
En medio del cruce verbal, Karoline Leavitt, portavoz de la Casa Blanca, parecía querer tranquilizar a todos diciendo que seguirían dialogando sobre esta controvertida adquisición. Sin embargo, tras escuchar a Lokke queda evidente que hay un abismo entre lo que unos quieren y lo que otros están dispuestos a aceptar.

