En una soleada tarde en la terraza del Hotel Melià Palma Bay, Gonzaga Escauriaza, un hombre de Bilbao con un amor desmedido por el golf, se sentó a compartir su trayectoria. Desde 2008 hasta 2024 ha sido el presidente de la Real Federación Española de Golf (RFEG), y recientemente fue homenajeado en los Premios de Golf de las Islas Baleares, celebrados en el Palau de Congressos.
Un legado construido en tiempos difíciles
Cuando le preguntamos por su mayor logro al frente de la federación, su respuesta es clara: la unión. “Me siento orgulloso de haber conseguido que todos los estamentos del mundo del golf trabajen codo a codo”, dice con esa pasión que lo caracteriza. En momentos complicados, como la crisis económica y la pandemia, esa unidad ha sido clave.
Pero no se anda con rodeos. Escauriaza confiesa que la crisis del 2008 fue un verdadero mazazo para el golf. Aunque durante la pandemia el deporte encontró una oportunidad inesperada al abrir sus puertas antes que otros, lo cierto es que ese golpe económico había dejado huella. “La bajada en el número de federados fue alarmante. Antes, era habitual que varias personas en casa mantuvieran sus licencias aunque no jugaran; pero con la crisis se revisaron gastos y ahí cayó uno de los primeros: las cuotas.” Hoy por hoy, hay unos 30.000 federados menos que en 2007. Aun así, confía en que pronto esa cifra se estabilice.
La importancia de la RFEG para impulsar nuevos talentos también es algo que resalta Gonzaga. “Los padres juegan un papel fundamental llevando a sus hijos a los clubes; luego entran los profesores y finalmente nosotros apoyamos a esos jóvenes prometedores en torneos nacionales e internacionales”. Con una mirada llena de esperanza habla sobre cómo Mallorca ha escalado posiciones como destino privilegiado para practicar este deporte.
A veces surge la pregunta: ¿sigue siendo el golf un deporte elitista? La respuesta está clara: “Cada vez menos. El acceso es más fácil de lo que muchos creen”, afirma mientras recuerda los 25 campos públicos disponibles en España y las opciones asequibles para conseguir material deportivo.
No obstante, nos topamos con otra realidad: la competencia internacional. Según él, países como Grecia o Marruecos están invirtiendo fuerte y ofreciendo precios competitivos gracias a su mano de obra más barata. Y aquí estamos nosotros intentando mantenernos como líderes europeos.
Cerrando esta charla tan reveladora sobre el presente y futuro del golf español, Escauriaza comparte con humor su experiencia como jugador aficionado: “He sido el peor campeón de España”, ríe entre anécdotas. Su enfoque ahora es hacia adelante; cree firmemente en las chicas españolas del golf aficionado quienes están rompiendo esquemas tras conseguir múltiples medallas europeas.

