En Mallorca, la historia que se teje entre sus paisajes rústicos es cada vez más alarmante. Desde 2021, la isla ha visto nacer cinco chalets nuevos cada semana, un verdadero boom que parece no tener fin. La pregunta que todos nos hacemos es: ¿realmente necesitamos más de estos edificios que, al final del día, parecen tirar a la basura el encanto natural de nuestra tierra?
Un futuro incierto para el territorio mallorquín
No podemos ignorar la sensación de agobio que genera este monocultivo turístico. Cada nuevo chalet trae consigo una sombra más oscura sobre nuestro entorno y nuestras tradiciones. Aquellos que han vivido aquí toda su vida sienten cómo su hogar se transforma poco a poco en un destino turístico más.
Y no solo eso. Mientras los constructores están en plena faena, nosotros nos preguntamos qué queda de nuestra identidad. ¿Qué pasará con nuestras tradiciones? ¿Con nuestra conexión con esta tierra? A medida que seguimos viendo cómo avanzan las obras, surgen voces críticas que reclaman un alto y cuestionan si este ritmo desenfrenado es realmente sostenible.
Así pues, mientras observamos cómo se despliegan estas construcciones rústicas por toda Mallorca, seguimos esperando respuestas y soluciones para preservar lo que hace única a nuestra isla.

