Menorca, esa joya del Mediterráneo, se prepara para conmemorar un año más su 739 aniversario de la Reconquista. Pero, como suele suceder en nuestra tierra, el ambiente festivo no está exento de controversia. La celebración de Sant Antoni está marcada por un debate candente que afecta a muchos: la crisis de la vivienda.
En medio de danzas y tradiciones, hay un trasfondo que nos toca a todos. La realidad es que muchos jóvenes están viendo cómo sus sueños se desvanecen ante el aumento descontrolado del precio de los alquileres. ¿Cómo podemos celebrar nuestras raíces mientras ignoramos las necesidades más básicas? Es una pregunta que resuena en cada rincón.
La voz de los afectados
Algunos ciudadanos no han dudado en alzar la voz. “Es como si estuviéramos tirando a la basura nuestra identidad cultural”, comenta Marta, una vecina preocupada por el futuro. Y es que, aunque las fiestas son importantes para mantener viva nuestra cultura, también lo son las condiciones dignas para vivir en esta isla. El monocultivo turístico ha dejado muchas secuelas y es hora de ponerlo sobre la mesa.
A medida que nos acercamos a estas celebraciones, es fundamental recordar que Menorca no solo se trata de fiestas y tradiciones; también es nuestro hogar y merece ser cuidado. La comunidad debe unirse para buscar soluciones reales y duraderas porque, al final del día, todos queremos un lugar donde sentirnos seguros y felices.

