Las playas de las Baleares, ese paraíso que todos anhelamos visitar, están sufriendo un serio revés. Y es que, la contaminación fecal ha aumentado de forma alarmante, duplicándose en solo un año. ¿Cómo hemos llegado a este punto? La situación es preocupante y merece nuestra atención.
Un verano turístico que ensucia nuestro hogar
Este verano, tres de cada cuatro vehículos que circulaban por Formentera eran de turistas. ¿Es normal que nuestras playas, símbolo de belleza y tranquilidad, se conviertan en un foco de contaminación? Nos duele ver cómo el afán por atraer visitantes está arrasando con lo que debería ser nuestro tesoro más preciado. Hay quienes celebran estas cifras como si fueran un triunfo, pero nosotros vemos una realidad desgarradora.
Además, los profesores alertan sobre el aumento de la conflictividad en las aulas; la sociedad está cambiando y no necesariamente para bien. Hay historias que nos retratan como comunidad: morir de frío en las calles es una vergüenza que no podemos ignorar. Y mientras tanto, hay otros debates pendientes sobre educación afectivosexual o cuestiones culturales.
A medida que reflexionamos sobre estos temas, nos damos cuenta de lo crucial que es cuidar nuestro entorno y hacer frente a esta crisis medioambiental. Todos tenemos un papel que jugar. Es hora de despertar y exigir un cambio real antes de que sea demasiado tarde.

