En una jornada que debería ser de reflexión, el 1 de enero se ha convertido en un día trágico tras el anuncio del Departamento de Defensa de Estados Unidos sobre la muerte de cinco personas en ataques a dos embarcaciones acusadas de transportar droga. Estas acciones, llevadas a cabo en aguas del Caribe y el Pacífico, han levantado una ola de críticas por parte de organizaciones de derechos humanos que ven en ellas ejecuciones extrajudiciales.
La noticia llegó como un mazazo. Desde el Mando Sur de las Fuerzas Armadas estadounidenses afirmaron que las embarcaciones navegaban por rutas conocidas del narcotráfico y aseguraron que se trataba de narco-terroristas. En su comunicado, subrayaron que tres personas perdieron la vida en la primera embarcación y dos más en la segunda. ¿Pero a qué precio? El vídeo que acompaña al mensaje muestra el momento exacto del impacto, algo que choca profundamente con nuestra humanidad.
Una campaña cuestionada
Este ataque, ordenado directamente por Pete Hegseth, secretario de Guerra (Defensa), no solo es otro capítulo oscuro en la lucha contra las drogas; es también un recordatorio escalofriante del precio pagado por esta guerra. Según cifras oficiales, ya van 112 víctimas mortales desde que comenzó esta campaña en septiembre. Más de 30 bombardeos han tenido lugar hasta ahora y cada uno deja una estela de preguntas sin respuesta.
A medida que nos adentramos en este nuevo año, resulta urgente cuestionar las decisiones tomadas desde lejos, donde parece fácil decidir quién vive y quién muere. Es hora de reflexionar sobre lo que realmente significa combatir el narcotráfico sin perder nuestro sentido común ni nuestra humanidad.

