Palma

Los vecinos que luchan por los bellasombra se hacen oír en el pleno municipal

MallorcaHora - Palma
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El último pleno del año en el Ajuntament de Palma no fue un encuentro cualquiera. La sala, habitual escenario de debates y decisiones, se transformó en un campo de batalla simbólico cuando los vecinos decidieron llevar ramas y troncos como protestas contra la tala de 16 árboles de bellasombra en la plaça de Llorenç Villalonga. El ambiente estaba cargado de tensión y emoción.

Todo comenzó cuando el regidor de Urbanismo, Óscar Fidalgo, empezó a hablar sobre la disolución del Patronato Municipal de la Vivienda. De repente, una vecina interrumpió con un grito desgarrador: «¡Vergüenza!». La situación se volvió aún más tensa cuando, tras la tala autorizada por un juzgado esa misma mañana, otra mujer exclamó: «Habéis cortado los árboles».

La defensa del barrio

El alcalde Jaime Martínez intentó restaurar el orden en medio del clamor popular, pero fue evidente que los ánimos estaban caldeados. En su turno, Lucía Muñoz defendió a sus conciudadanos al señalar que habían tomado decisiones sin consultarles: «Se ha optado por la política de hechos consumados». También Neus Truyol aprovechó para expresar su indignación: «El ayuntamiento ha criminalizado a los vecinos y ha enviado sierras para talar los bellasombra. Es una vergüenza lo que han hecho». Su intervención fue recibida con aplausos entusiastas del público presente.

A medida que avanzaba el pleno, las emociones continuaron a flor de piel. Un agente retiró a uno de los asistentes un tronco que había traído consigo como símbolo de resistencia. Fulgencio Coll, regidor de Vox, intentó suavizar la situación diciendo que todos sentían tristeza por la tala; sin embargo, sus palabras fueron interrumpidas por abucheos e insistentes gritos: «¡Vaya usted a ver los troncos!».

Finalmente, Biel González, vicepresidente de la Federació d’Associacions de Veïns de Palma, reiteró una petición crucial: permitir que los vecinos analicen los tocones restantes. Su mensaje era claro: «Los jueces también se equivocan y no son Dios. Se han cargado 80 años de historia», reflexionando sobre el impacto irreversible que esta decisión tendría en su comunidad.

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