La situación de nuestra sanidad pública está llegando a un punto crítico. Mientras los sindicatos y la Plataforma per la Sanitat Pública se manifiestan en las calles, gritan a voz en cuello que «la privada es un parásito». Y no les falta razón. Nos estamos jugando mucho; estamos hablando de nuestra salud, y no podemos permitir que el sistema se desmorone como lo vemos en otros lugares, como Estados Unidos.
Condiciones penosas para nuestros sanitarios
En medio de esta tormenta, nos llegan denuncias escalofriantes desde el centro de salud del Escorxador. Personal que trabaja entre ratas y cucarachas, con una falta alarmante de desfibriladores… ¿En qué momento dejamos que esto ocurriera? Esto no es solo un problema sanitario; es una cuestión de dignidad. La gente merece atención médica decente, y parece que algunos están más interesados en llenar sus bolsillos que en cuidar a la ciudadanía.
No podemos quedarnos callados mientras la administración retira 128 productos peligrosos del mercado tras Halloween o cuando el mapa escolar de Palma recuerda más al franquismo que a un sistema educativo moderno. La separación entre ricos y pobres sigue siendo evidente y vergonzosa.
Y así seguimos, arrastrando problemas detrás de problemas, sin soluciones visibles ni un futuro claro. Es hora de dejar claro que no vamos a aceptar más promesas vacías. ¡Ya basta!

