Oviedo. En una reciente charla con L’Equipe, Santi Cazorla ha abierto su corazón y recordado aquellos momentos oscuros que amenazaron con arrebatarle su pasión por el fútbol. El asturiano, siempre sincero, rememora aquella grave lesión que sufrió en 2013 mientras defendía los colores de la selección española ante Chile.
«Recibí un golpe que me fracturó un hueso del pie», cuenta Cazorla, casi como si el dolor aún persiguiera sus recuerdos. Lo que comenzó como un accidente se convirtió rápidamente en una cadena de inyecciones de corticosteroides, y a medida que pasaba el tiempo, la situación se tornaba cada vez más insostenible. «Prácticamente jugaba llorando; ya no lo disfrutaba», confiesa. Fue entonces cuando decidió hablar con el médico: «Se acabó, tenemos que encontrar una solución».
Una travesía llena de dolor y esperanza
La historia no terminó ahí. Durante su paso por el Villarreal, Cazorla tuvo que someterse a once operaciones sin obtener respuestas claras sobre su estado. Cuando finalmente regresó a España para buscar otra opinión médica, la noticia fue devastadora: tenía gangrena en un tramo de 11 centímetros de su tendón de Aquiles. Un diagnóstico alarmante que le hizo temer por su pierna.
En ese momento crítico, encontró apoyo incondicional tanto del Arsenal como de Arsène Wenger, quien decidió renovarle el contrato durante su recuperación. «Jamás olvidaré este gesto tan humano», recuerda con gratitud.
A medida que avanza esta temporada, Cazorla es consciente de que podría estar dando sus últimos pasos en el campo: «Es casi seguro que esta será mi última temporada. Quiero disfrutarla y saborear estos últimos momentos».

