Era una fría noche de febrero en 1986 cuando tres jóvenes se deslizaron entre las sombras del Camí de Son Mayol, en Son Cladera, con intenciones oscuras. Se trataba de un asalto a la casa del reconocido anticuario Miguel Beltrán y su esposa, Lorenza Ramón. Lo que parecía ser un robo se transformó rápidamente en una tragedia que dejó cicatrices profundas.
Un encuentro fatídico
Miguel era alguien querido y respetado en Palma. No solo por su trabajo como anticuario, sino también por su bondad: había ayudado recientemente a unos chicos gallegos a encontrar empleo. Sin embargo, lo que él no sabía era que esos mismos chicos, Roberto P.G., José Luis D. y Sergio P.G., albergaban oscuros planes tras haber descubierto que él y Lorenza habían vendido una propiedad por tres millones de pesetas.
Aquella noche, los tres amigos saltaron el muro y entraron en la finca. Atrapados entre el frío y la tensión, se escondieron en una caravana mientras esperaban el momento adecuado. Cuando Miguel y su sobrina abrieron las puertas al amanecer, ellos aprovecharon para colarse dentro sin pensarlo dos veces.
Lorenza fue la primera en encontrarse con ellos. La angustia llenó su rostro al verse rodeada por estos jóvenes armados. Le exigieron el dinero y le propinaron brutales golpes con el arma. Sus gritos llegaron hasta Miguel, quien corrió hacia ella sólo para convertirse en víctima también; ambos sufrieron heridas graves durante ese encuentro fatal.
Poco después del ataque, los asaltantes huyeron dejándolos malheridos pero aún más desolados. Mientras tanto, comenzaron a despilfarrar el dinero robado: comprando motos y otros caprichos sin pensar en las consecuencias. Ignoraban que sus actos no pasarían desapercibidos; el inspector Elicio Ámez, conocido por su eficiencia investigativa, estaba tras sus pasos.
Lamentablemente, la historia tuvo un desenlace devastador: Lorenza no logró recuperarse del todo; su dolor físico se sumó a una angustia emocional terrible al temer que los atacantes regresaran. Dos meses después de aquel horroroso asalto, falleció dejando a Miguel destrozado no solo físicamente sino también emocionalmente.
A medida que las investigaciones avanzaban, lo que comenzó como un simple atraco se transformó en homicidio tras la muerte de Lorenza. Los jóvenes fueron finalmente detenidos gracias a las pistas proporcionadas por informantes cercanos al inspector Ámez.
La vida de Miguel cambió para siempre; aunque sobrevivió a sus heridas físicas, el impacto emocional lo acompañaría siempre como una sombra.
Hoy recordamos esta tragedia no solo como un caso policial más, sino como un recordatorio desgarrador de cómo la violencia puede arrebatar vidas inocentes y dejar huellas imborrables en quienes quedan.

