En Mallorca, casi un tercio de todas las propiedades de lujo en España se concentran en esta isla. Es una cifra impresionante que nos hace reflexionar sobre lo que realmente está ocurriendo en el mercado inmobiliario balear. Mientras los precios suben como la espuma, la crisis de la vivienda se convierte en un grito desesperado para muchos.
Un llamado a la acción
El sector inmobiliario no ha dudado en pedirle al presidente Pedro Sánchez que actúe y encuentre soluciones reales para abordar esta situación crítica. La gente aquí no puede seguir viendo cómo sus sueños de un hogar propio se desvanecen ante el aumento desenfrenado del alquiler, que ha crecido un alarmante 495% desde antes de la pandemia. ¿Quién puede permitirse eso?
A su vez, el Ayuntamiento ha pedido prudencia ante un decreto que podría liberar terrenos para construir 20.000 viviendas más. Pero, ¿realmente es esto lo que queremos? Se nos acusa de perder parte esencial de nuestra identidad mientras Menorca recibe 24.000 nuevas plazas turísticas y casas cada vez más altas.
La agricultura balear también siente el peso de estos cambios, con una pérdida del 65% de su territorio en tan solo medio siglo. Y entre tanto ruido, surgen acusaciones de corrupción entre altos cargos del TSJIB que sólo añaden leña al fuego.
La pregunta persiste: ¿será posible encontrar un equilibrio entre desarrollo turístico y calidad de vida? Solo el tiempo lo dirá, pero por ahora, seguimos luchando por nuestras raíces y nuestros hogares.