La mañana del lunes, el entrenador del Illes Balears Palma Futsal, Antonio Vadillo, y el capitán Carlos Barrón se encontraron en Murcia con un nudo en el estómago. Tras la amarga derrota en la final de la Copa de España frente al Peñíscola, los sentimientos eran contradictorios. Perder una final siempre es duro, especialmente cuando te enfrentas a un rival que, a priori, no parecía estar a su altura.
Dentro del vestuario se respiraba una mezcla de frustración y reflexión. Algunos susurraban que si hubieran jugado contra el Barça, tal vez habrían salido más motivados. Pero otros opinaban que eso no era excusa. «Quizás nuestro nivel competitivo es inferior al de Peñíscola», decía un directivo, dejando claro que hay matices en esta derrota.
Una lección difícil de digerir
Antonio Vadillo lo dejó claro: hacía falta «un punto de combatividad» extra. Su análisis fue honesto: “No nos merecimos ganar”, reconoció con sinceridad. A pesar de la decepción, no escatimó en elogios hacia el rival; liderar después de 22 jornadas no es casualidad y Peñíscola llegó a este torneo con una confianza arrolladora.
Sin embargo, esa confianza no se tradujo en lo que se vio sobre la pista. Los jugadores mallorquines parecían menos tensos que antes del encuentro contra Movistar Inter en semifinales. Y alguien comentó: “El partido comenzó a perderse cuando Peñíscola se clasificó”. La verdad es que ante una defensa tan férrea como la suya, las opciones eran limitadas.
Ayer también se notó la ausencia de ese jugador desequilibrante; uno capaz de romper esquemas en un uno contra uno. Aunque David Peña está ahí para aportar su estilo diferente, ¿dónde estaba Cleber o Chaguinha cuando más se les necesitaba? Al final del día, Luan Muller tuvo que cargar con el peso defensivo por encima del resto.
A muchos les dolía haber dejado escapar una oportunidad clara ante un contrincante mermado por lesiones importantes. Como bien decía alguien dentro del equipo: «Las finales hay que ganarlas». Y aunque algunos piensan que esta derrota duele menos porque no hubo merecimiento para ganarla, otros sienten un vacío profundo por esa falta de intensidad típica de estos encuentros decisivos.
No podemos olvidar también que este equipo está lleno de jóvenes talentos viviendo sus primeras grandes competiciones. Este año ha sido un carrusel de cambios con seis nuevas incorporaciones y algunas salidas sonadas como las de Chaguinha o Rómulo.
Aunque han perdido esta final reciente tras haber levantado dos Final Four y copas intercontinentales anteriormente, hay luz al final del túnel. Un miembro del equipo lo expresó bien: “Nos hemos acostumbrado a ganar pero ahora enfrentamos nuevos retos”. En doce ediciones anteriores solo habían llegado a semifinales dos veces; este año fue diferente.
Ahora tienen otras tres oportunidades para añadir otro trofeo junto al logrado esta temporada: la Final Four de Champions League, las semifinales de Copa del Rey y los play-offs por el título liguero están esperando. Este viernes tendrán un nuevo reto frente al Jaén Paraíso Interior y vendrán cargados con ganas.
La Final Four llegará pronto a Le Mans; allí será posible conseguir algo histórico triplicando títulos si logran superar al Sporting Lisboa primero.
Mientras tanto, todos miran hacia adelante porque cada partido cuenta y cada experiencia suma para seguir creciendo como equipo.