En medio de un mar de consultas y solicitudes, 500 legalizaciones de propiedades rústicas están en marcha. Esta situación ha despertado un sinfín de inquietudes entre los ciudadanos que ven cómo su futuro se juega en este laberinto burocrático. ¿Qué pasará con aquellos que luchan por sus tierras?
El eco de las protestas resuena
Mientras tanto, no podemos ignorar lo que sucede a nuestro alrededor. En Palma, hay quienes se ven obligados a alimentarse de lo que los turistas dejan atrás. Es una paradoja trágica: los habitantes del aeropuerto comen aquello que otros tiran a la basura. Y es que el turismo, en lugar de ser una bendición, se ha convertido en una carga pesada para muchos.
Aún más preocupante es el poder desmedido de Aena, que parece aplastar a los más vulnerables sin piedad. Además, hay denuncias graves sobre un banco local que se niega a aceptar documentos en catalán; “o en castellano o nada”, afirman afectados indignados.
Las entidades sociales han alzado la voz contra esta masificación turística. “No necesitamos más turistas; sois la fuente de nuestro problema”, dicen contundentemente en su carta abierta. La lucha sigue viva y palpable entre nosotros.