El 12 de marzo de este año, un evento extraordinario tuvo lugar en el vasto cosmos. La sonda HERA, enviada por la Agencia Espacial Europea (ESA), sobrevoló Marte para realizar un asombroso estudio de su luna más pequeña: Deimos. Este acercamiento no fue solo un paseo cósmico; fue una maniobra estratégica que permitió a HERA acumular velocidad antes de dirigirse hacia su verdadero destino: el sistema binario de asteroides Didymos.
Un vistazo a lo desconocido
Al acercarse a solo 5.000 kilómetros del planeta rojo, la gravedad marciana hizo su magia y redirigió la trayectoria de la nave. ¿El resultado? Un ahorro notable en combustible y tiempo, acelerando su viaje hacia Dimorphos y Didymos. Y mientras surcaba el espacio a 9 kilómetros por segundo, HERA pudo capturar imágenes impresionantes de Deimos desde tan solo 1.000 km. Lo fascinante es que observó una cara menos conocida de esta luna atrapada en las mareas.
Según los expertos de la ESA, Deimos tiene un diámetro de 12,4 kilómetros, y podría ser un remanente antiguo tras un gran impacto en Marte o incluso un asteroide que quedó atrapado por su gravedad. Caglayan Guerbuez, director del proyecto HERA, resaltó lo complejo que fue planificar esta asistencia gravitatoria y cómo tuvieron que ajustar todo para acercar la nave a Deimos. Su trabajo extra valió completamente la pena.
No solo se trató de empujar a HERA hacia su objetivo final; también hubo colaboración con Mars Express, otra misión europea que observó Deimos al mismo tiempo. Estos datos son fundamentales para preparar futuros encuentros con las lunas marcianas gracias a la próxima Misión MMX, donde se recogerán muestras de Fobos para analizarlas aquí en nuestra Tierra.
A medida que se preparan los siguientes pasos para HERA —una maniobra adicional está programada para febrero del próximo año— nos damos cuenta una vez más de lo pequeño que somos ante el vasto universo y lo grande que es nuestro deseo por explorar lo desconocido.