La noticia ha llegado como un jarro de agua fría para todos los amantes del tenis. Fred Stolle, uno de esos nombres que resuenan con fuerza en la historia de este deporte, ha fallecido a los 86 años. Su legado no solo incluye ser número 1 del mundo en 1966, sino también haber alzado trofeos en el US Open, Roland Garros y tres Copas Davis consecutivas. Imagina el ambiente en esas canchas cuando se escuchaba su nombre.
Un campeón en toda regla
A lo largo de su carrera, este australiano ganó dos grand slams individuales y acumuló nada menos que diez títulos en dobles. Si te preguntas cómo lo hizo, la respuesta es simple: dedicación y pasión. Con compañeros como Roy Emerson y Ken Rosewall, formó una dupla imbatible que se recuerda hasta hoy. Craig Tiley, director de Tennis Australia, lo describió perfectamente: “Su herencia es de excelencia y su impacto será recordado por todos”. Y vaya si es cierto.
Pese a las dificultades iniciales —Stolle perdió sus primeras cinco finales individuales— logró romper esa racha ganadora con un emocionante triunfo en Roland Garros ante Tony Roche en 1965. Ese momento marcó un antes y un después no solo en su carrera, sino también para el tenis australiano.
Fred fue parte fundamental de la era dorada del tenis en su país, contribuyendo a ese espíritu competitivo que tanto caracteriza a Australia. Al mirar hacia atrás, queda claro que su nombre brillará junto a los mejores del deporte. Después de colgar la raqueta, se convirtió en comentarista, compartiendo su amor por el juego con nuevas generaciones.