En la calidez del Olímpico de Roma, los leones del Athletic Club se preparan para un reto que podría marcar su camino en la Europa League. Después de un empate a uno en el primer encuentro, Ernesto Valverde y su equipo son conscientes de que este segundo partido es clave. «No podemos mirar hacia atrás», dice Valverde con determinación, recordando cómo llegó a esta ciudad en septiembre cuando la Roma estaba en plena transición.
La importancia de no dejarse llevar por el pasado
Aquellos tiempos han cambiado. Ahora, bajo la dirección de Claudio Ranieri, la Roma se presenta como un rival sólido y peligroso. «Tienen una plantilla talentosa y están en buena forma», añade el entrenador del Athletic, subrayando lo crucial que será competir sin errores. Cada detalle cuenta en eliminatorias así.
Iñaki Williams, al llegar al estadio, ya ha firmado autógrafos y siente el pulso de la afición. Mientras tanto, su compañero Alex Berenguer, quien ha tenido experiencias previas en Italia, habla sobre lo especial que es jugar aquí: «Estadísticamente estoy en mi mejor momento y eso se nota en el campo». Su confianza es palpable; sabe que él y sus compañeros deben ser ambiciosos desde el primer minuto.
No hay lugar para relajaciones: «Hay que salir a ganar o al menos empatar», comparte Berenguer con ese brillo en los ojos de quien está listo para dejarlo todo por su equipo.
Con ambos jugadores alineados tras un mismo objetivo, las horas previas al encuentro prometen ser intensas. El camino hacia los cuartos está lleno de incertidumbres, pero también está cargado de ilusión. Porque cuando se trata del Athletic Club, cada partido es más que un juego; es una pasión compartida entre jugadores y aficionados.