En un contexto donde la educación debería ser una prioridad innegociable, las Baleares se encuentran en el último puesto de inversión educativa en todo el Estado español. Es un tema que nos toca a todos y que genera una mezcla de frustración y preocupación. ¿Cómo es posible que en un archipiélago tan turístico y vibrante no se priorice la formación de nuestras futuras generaciones?
Una realidad preocupante
Aunque suene increíble, las autoridades educativas han descartado incluso la opción de alojar a los docentes desplazados en hoteles, argumentando que ya tienen “los paquetes vacacionales vendidos”. La imagen es desoladora: mientras nosotros luchamos por mejorar nuestras aulas, ellos están más pendientes de llenar sus hoteles.
No solo eso; también hemos visto cómo el proceso de escolarización 2025-2026 se ha reducido drásticamente. Palma solo contará con dos zonas escolares, lo cual beneficia claramente a las concertadas históricas. Esto suena a una estrategia que deja al resto atrás, dejando claro quiénes son los verdaderamente favorecidos.
Nos encontramos ante un sistema que parece no tener en cuenta nuestras necesidades reales. La falta de inversión adecuada es alarmante, y necesitamos visibilizar esta problemática para exigir cambios. Porque cuando hablamos del futuro educativo de nuestros niños, no podemos permitirnos tirar todo esto a la basura.

