Sucesos

Un guardia civil en Palma frente a la justicia por abusos a la amiga de su hija

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La Audiencia de Palma se convierte este lunes en el escenario de un juicio que nadie quería imaginar. Un agente de la Guardia Civil se sienta en el banquillo, acusado de abusar sexualmente de una amiga de su hija cuando esta se quedó a dormir en su casa, allá por junio de 2020. En aquel entonces, la menor apenas tenía 11 años. Lo que debería haber sido una noche tranquila se tornó en una pesadilla.

La versión del acusado y el relato desgarrador

El acusado ha mantenido su postura desde el inicio: niega rotundamente los hechos y asegura que todo fue «un problema entre las niñas», como si eso pudiera borrar lo ocurrido. La víctima, con valentía, ha declarado a puerta cerrada, enfrentándose a un momento que nadie debería vivir.

Cuando el fiscal le pregunta sobre esa inquietante noche del 27 de junio, él admite haber entrado a la habitación donde estaban las menores. «Sí entré, pero porque no paraban de jugar», argumenta, como si eso fuera suficiente para justificarlo. Pero aquí no acaba la historia; incluso llegó a decir que necesitaba que se durmieran porque había quedado con su pareja esa misma noche. Y aún más sorprendente es cómo afirma: «No tuve ningún contacto físico con la menor, jamás». Sin embargo, los relatos apuntan hacia algo muy diferente.

Días después del incidente y tras enterarse de la denuncia, cuenta que recibió al padre de la niña en su casa. Este le aseguró no creerse lo contado por su hija y repetía que no iba a denunciarlo. Pero lo cierto es que los hechos son alarmantes: según la acusación pública, aquella noche el hombre entró en la habitación y tocó a la amiga de su hija por encima y luego por debajo de la ropa hasta que ella despertó.

Aquel día fatídico culminó con su arresto el 20 de julio tras una denuncia formal presentada por los familiares de la presunta víctima. Ahora enfrenta cuatro años tras las rejas y una indemnización económica que asciende a 10.000 euros por daños morales. A día de hoy, esa adolescente tiene 16 años y sigue lidiando con las secuelas psicológicas del trauma vivido; un recuerdo aterrador que una profesional del UVASI ha subrayado: “sigue teniendo mucho miedo”. La lucha por justicia apenas comienza.

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