Imagina estar trabajando en tu jardín y, de repente, descubrir un tesoro del pasado. Eso le ocurrió a Neal Lansdown, un hombre de Missouri que, mientras daba forma a su parterre en Rock Port, se topó con algo brillante entre la tierra. Su curiosidad lo llevó a limpiar el objeto y ¡sorpresa! Era un anillo de graduación de la escuela secundaria Omaha Northwest, datado nada menos que en 1978 y con el nombre Cary Crocker grabado en su interior.
Un viaje inesperado
Lansdown no podía creer lo que tenía entre manos. ¿Cómo había llegado aquel anillo tan lejos? A unos 100 kilómetros al sur de Omaha, este hombre se preguntaba si alguna vez podría devolverlo a su dueño. «No busco recompensa; solo quiero saber dónde se perdió y devolvérselo pronto», confesó con una sonrisa.
La historia tomó un giro emocionante cuando la fundación de antiguos alumnos decidió ayudar en la búsqueda del propietario. Publicaron su hallazgo en redes sociales, pero fue cuando Cary Crocker vio su anillo brillando en un noticiero local que las piezas del rompecabezas comenzaron a encajar. Ahora radicado en Florida, Crocker rememoró cómo había perdido esa joya hace más de cuatro décadas: «No tengo idea si se me cayó o alguien me lo robó», dijo sin poder contener la nostalgia.
A pesar de nunca haber estado en Rock Port, comparte una conexión curiosa: su familia tenía una floristería en Omaha durante esos años, por lo que no descarta que el anillo pudiera haberse perdido entre las plantas que él mismo ayudaba a vender. La vida tiene maneras extrañas de unir caminos, ¿verdad?