En Berlín, el pasado 25 de febrero, se vivió un momento clave en la política alemana. Friedrich Merz, líder de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), salió de su reunión con el canciller en funciones, Olaf Scholz, con una misión clara: construir rápidamente una nueva coalición de Gobierno. La idea es que este nuevo pacto se dé entre los conservadores y los socialdemócratas. Merz no se anduvo con rodeos y afirmó: “Los temas se agolpan y no podemos tolerar ningún retraso”. Un mensaje directo que deja claro que el tiempo apremia.
Además, ya había dejado caer que su intención es tener todo listo antes de Semana Santa. Si las cosas siguen por este camino, parece que Merz podría convertirse en el próximo canciller de Alemania. Consciente del cambiante panorama global, aseguró: “La situación mundial cambia drásticamente cada día”, enfatizando la urgencia de tomar decisiones rápidas para enderezar el rumbo económico del país.
Un escenario complicado
No hay que olvidar que la Oficina Federal de Estadística (Destatis) confirmó recientemente una recesión para 2024, pronosticando una caída del PIB del 0,2 por ciento en el último trimestre. En medio de todo esto, Scholz ha decidido mantenerse al margen de las negociaciones para esta futura coalición. Su papel será ejercer como canciller hasta que su sucesor sea confirmado; después seguirá como diputado en el Bundestag.
A la mesa también se sienta Lars Klingbeil, uno de los líderes socialdemócratas, quien ya tuvo una primera charla con Merz hace unos días. Por otro lado, Merz se reunió con sus aliados más cercanos ese mismo martes; entre ellos estaban Carsten Linnemann y Markus Soeder. El clima está tenso pero lleno de expectativas sobre lo que vendrá.