El pasado miércoles, Més per Mallorca levantó la voz en el Congreso. ¿El motivo? La reclamación de la Cimera del Rey Martí, un símbolo que lleva más de noventa años en el olvido y que se encuentra expuesta en la Real Armería de Madrid desde el siglo XIX. Esta pieza histórica no solo es un objeto patrimonial; es parte de nuestra identidad, y los mallorquines queremos que vuelva a casa.
Un reclamo con historia
La fecha clave se acerca: el 31 de diciembre de 2029 marcará los 800 años de la conquista de Mallorca por Jaume I. En ese contexto, el diputado Vicenç Vidal, junto a otros miembros destacados de Més, presentó una moción pidiendo al ministro Félix Bolaños que facilite su retorno. “El Estado español actúa como metrópoli con este expolio patrimonial”, afirmaba Vidal, reflejando el sentir popular. Este sentimiento lo comparten muchos cuando ven cómo nuestras raíces están lejos y olvidadas.
Kika Coll, concejala y ex directora insular de patrimonio del Consell, fue clara: “El regreso facilitaría estudios e investigaciones locales”. Todos coincidieron en que tener esta cimera en Palma durante la Festa de l’Estendard no solo es un acto simbólico; sería un refuerzo a nuestros vínculos históricos y culturales. Así lo defendió Lluís Apesteguia, recordando la importancia vital que tiene esta pieza para nuestra celebración.
Joan Llodrà también dejó claro su descontento ante lo que considera “una anomalía flagrante” del Estado español hacia nuestra cultura. Con cada palabra resonaba el eco de generaciones pasadas que llevan más de noventa años reclamando lo mismo desde tiempos del alcalde Emili Darder.
A medida que se acercan las festividades, queda claro: mientras seguimos perdiendo parte importante de nuestro patrimonio cultural, este permanece encerrado tras vitrinas en Madrid. La cimera debe regresar a donde pertenece. Y nosotros no dejaremos de luchar por ello.