Joan Mir ha vuelto, y lo hace con una historia detrás que no podemos pasar por alto. Tras perderse los últimos cuatro Grandes Premios –Austria, Japón, Indonesia y Australia–, el piloto mallorquín del Honda HRC Castrol ha aterrizado en Malasia para subirse de nuevo a la moto este viernes en los entrenamientos libres de Sepang. Este regreso es más que solo un retorno a las pistas; es un relato de lucha y valentía.
Una pausa necesaria
El balear ha aprovechado su reaparición en el ‘paddock’ para abrirse sobre los motivos que lo mantuvieron alejado durante semanas. «Necesitaba parar porque tenía problemas de visión», confesó Mir mientras disfrutaba del ambiente del circuito. Al principio, ni él mismo sabía exactamente qué estaba ocurriendo. Se sumaban el cansancio extremo y otros síntomas que complicaban aún más su situación. «Fue un proceso que fue de mal en peor», admitió con sinceridad.
Los problemas de visión le estaban jugando una mala pasada, afectando su precisión al volante. También sufría dolores de cabeza, especialmente cuando se sentía agotado. Y aunque intentó controlarlo hasta Misano, llegó un punto en el que ya no pudo más. Pero eso no fue todo; Mir relacionó esta problemática con el estrés constante al que se enfrenta cada piloto en las carreras.
Afortunadamente, contaba con el respaldo incondicional del equipo Honda HRC Castrol y del doctor Ángel Charte, quienes han estado muy atentos a su evolución. Ahora, con solo cuatro carreras por delante antes de poner fin a su etapa con la marca nipona –antes de dar el salto al equipo Gresini–, la parrilla de MotoGP vuelve a contar con un campeón: Joan Mir, quien ya dejó huella ganando el título en 2020 y también en Moto3 en 2017.

